En la era de Internet, desde hace ya años, desde tiempos pretéritos donde existían foros de plataformas como MSN, han existido comunidades que abrían temas de debate.
Los moderadores y propietarios que vemos en Twitch no son algo nuevo, sino una evolución de aquellos foros de principios de los 2000. También han existido desde siempre trolls y haters, aunque ahora tengan potentes (y porculeros) altavoces.
Y una de las cosas que han existido siempre son los off-topics, que literalmente son conversaciones que se salen del hilo de la conversación.
Pero no hay que ser tan formalista, porque ello reduce o paraliza la fluidez de una comunidad digital. Hablar sobre ciertos temas, como puede ser el sueldo que cobra o puede cobrar un camarero, conlleva directa, y casi diría que obligatoriamente, a hablar de la situación laboral de la hostelería.
Porque hablar del sueldo está bien, pero ¿y las condiciones laborales, fijadas en los convenios y muchas veces incumplidas?
Ni podemos ni debemos solo centrarnos en un debate puramente económico. Yo soy de los que prefiere cobrar «normal» pero vivir bien, en un ambiente laboral tranquilo y donde respeten mi descanso y, por supuesto, mis condiciones laborales.
También se hace muy necesario, y no es en absoluto algo alejado del tema laboral, hablar de las titulitis y del sistema elitista y credencialista.
Es que, en un sistema en el que tener título firmado por el Rey es una barrera de entrada para ciertos trabajos, hace INDISPENSABLE debatir sobre ello, incluso antes que cualquier debate económico o laboral. Porque si no te dejan ser contratada, ya no hay dinero que valga.
Son necesarios los off-topics, para vencer los discursos hegemónicos de CCOO, UGT y la FAPE, que exigen sí o sí el título de periodismo o de comunicación audiovisual para poder redactar noticias, como si un historiador, una arquitecta, un abogado o una creadora de contenido con mucha experiencia no pudieran informar.
Comunicar y recibir información veraz es un derecho constitucional que nos pertenece a todos los español. Un derecho que permite hacer off-topics y no centrarse únicamente en el discurso oficial. Solo así hay una opinión pública libre.





