El año pasado me dedicaba 8 horas a estudiar las oposiciones a Gestión de la Administración Civil del Estado. Entre eso y mi sensibilidad auditiva, terminaba con la cabeza echa un bombo.
Un día, me puse a buscar relajación en YouTube, y encontré unos curiosos vídeos donde una persona, frente a un micrófono, hablaba en voz baja y producía sonidos relajantes, con las uñas, espuma, y varios objetos. Esos sonidos me provocaban un cosquilleo en la cabeza y por la zona de la nuca. No lo sabía en ese momento, pero me convertí en seguidor del ASMR.
Este nombre, desconocido para muchas personas, responden al acrónico «autonomous sensory meridian response», traducido como «respuesta sensorial meridiana autónoma». Es esa sensación de cosquilleo que he comentado antes. No todos pueden experimentar esa sensación. Probablemente seamos los sensibles a los sonidos.
Y claro, no se produce de la nada, lo hacen personitas. Una de esas personitas es una mujer salmantina de 27 años, Lydia, más conocida como Arbmeis, que produce contenido ASMR en YouTube, así como directos en Twitch. Su nombre artístico no está escogido al azar. Arbmeis es siembra escrito al revés. Según ella misma cuenta en un «cosas sobre mí», viene del verso «si no nace en ti, siembra», de la canción Quien manda de Mala Rodríguez.
La descubrí por casualidad en una de mis búsquedas de vídeos ASMR, y debo decir que me gusta cómo es. Cierto que lo que vemos en los medios de comunicación no son más que un reflejo, muchas veces distorsionado, de la realidad. Una mera proyección de una pequeña parte de cómo es o cómo se muestra una persona es lo que aparece en las redes sociales.
Como bien señalaba el sociólogo alemán Ferdinand Tönnies, las personas nos sentimos solas, buscamos identidad, y por ello nos agrupamos en comunidades y movimientos sociales. Las modernas redes sociales como Twitch permiten disipar la necesidad de la compañía, de identificarnos con alguien o con algo. Cuando hacen ASMR, o cuando cocinan o simplemente charlan de lo divino y de lo humano, acompañan nuestra soledad cotidiana.
Creadoras de contenido como Lydia son semillas de una siembra en la que, quienes buscamos relajación (o identidad o comunidad), nos sentimos abrazados por una red de seguidores en un chat, y por personitas que nos relajan, nos acompañan y crean contenido para deleitarnos, cumpliendo una función social esencial y simbólica. La función de hacernos sentirnos bien, tras el normal estrés cotidiano de este mundo digital en el que vivimos. Y viven legítimamente de ello con los ingresos de sus suscriptores y de las marcas publicitarias. Tal y como ocurre con los medios de comunicación: empresas que ganan dinero mediante una función social de información y entretenimiento.
Este medio de comunicación, Canal DIR, en este sentido, es bastante peculiar. No somos un medio público, pero tampoco tenemos ánimo de lucro. Somos una asociación privada que no quiere ganar dinero, sino que quiere invertir socialmente. Y por eso, desde hoy, en la medida de nuestras posibilidades, incorporaremos a nuestra web una sección específica de creadores de contenido por Internet, con críticas a sus vídeos y una agenda de su actividad.
Yo también estoy empezando en Twitch. Personas como ella tienen miles de seguidores, y en cualquiera de sus emisiones en directo puede llegar a los mis espectadores. Si yo llego a 10 espectadores en un vídeo en directo, monto una fiesta.
Por cierto. Os anuncio que mis contenidos serán sin ánimo de lucro. Si hubiesen suscripciones, el dinero se reinvertirá en suscripciones de otros creadores de contenido. Es decir, si recibiese (ojalá) 300 euros, me suscribiré a otros canales con ese dinero.
Yo escribiendo e informando, y otros creando contenido y relajando el alma humana: sigamos sembrando. Porque, en definitiva, quien siembra las semillas de un cambio social, luego recogerá todo lo bueno que haya hecho.






