Hoy se abre una nueva etapa en Canal DIR. Cada mañana publicaré esta columna de opinión titulada Zoon politikón. Y la idea surge de una asignatura optativa en mi último año de carrera, Periodismo y Literatura.
En esta asignatura se aprende, en resumidas cuentas, que los géneros periodísticos son también géneros literarios. No solo es información sino libertad de creación literaria, con un contenido objetivo. Pero también subjetivo. En una noticia pueden aparecer, y por lo general aparecen, recursos retóricos varios. Por no hablar de los géneros híbridos entre realidad y ficción, como los articuentos de mi compañero Juan José Millás.
Y para híbridos entre lo factual y lo ficcional, la política española. En la que se llegan a acuerdos del salario mínimo, sin contar con una de las partes. La realidad es que un contrato es un libre acuerdo entre todas las partes. La ficción es que se anuncia un acuerdo y solo se produce entre dos de las tres que la componen. ¿Para qué escuchar a la patronal, que es la organización de quien paga los salarios y genera competitividad en nuestro país? Y hablamos de empresarios, porque los autónomos son directamente una leyenda de Gustado Adolfo Bécquer.
Vivimos en un esperpento, un apunte carpetovetónico propio de don Camilo José Cela, donde no se hablan de cipotes provincianos sino de unos huevos enormes que tienen algunos: desde decir por activa y por pasiva que no se va a amnistiar y terminar haciéndolo incluso rayando lo inmoral -ojo con las enmiendas que preparan para amnistiar delitos de TERRORISMO-, hasta quejarse de una reforma constitucional que tú mismo pactas.
Leo en The Objective que hay malestar en el PP por colar lo que esas mismas fuentes llaman «discurso de género» en la necesaria reforma del artículo 49 de la Constitución. Por incluir una mención explícita con el siguiente tenor literal: «Se atenderán particularmente las necesidades específicas de las mujeres y los menores con discapacidad». Obviamente. Es que las mujeres y los menores tienen una doble discriminación en su condición de discapacidad.
A modo de ejemplo, la condición del espectro autista, denominada oficialmente «trastorno» -término que no comparto-, casi se ignora en mujeres, y se ve de forma más evidente en hombres. Es un caso claro de discriminación. Pero atender algo de forma especial no significa ignorar el resto de cosas, ni impone preferencia alguna, solo incide en una realidad. Para que a los poderes públicos no se les olvide. Porque hay que recordar que dos artículos antes, en el número 47, se encuentra el principio rector del derecho de los españoles a una vivienda digna y adecuada. ¿Se cumple este precepto? Juzguen ustedes mismos.
De todos, si como bien apunta el diario digital hay malestar en las filas del Partido Popular, es una lástima que esta formación política no tenga suficiente mayoría en el Senado para poder aprobar una enmienda y eliminar esa parte que tanto le disgusta y pareciera abrir un cisma en su seno.
En fin. Ficción y realidad. Realidad y ficción. En este país es muy difícil a veces distinguir ambas cosas. Doy las gracias a mi profesora, Natalia Candorcio. Y por supuesto a Agustín Rivera, su predecesor en mi formación periodístico-literaria.
Hoy termina oficialmente mi último primer semestre del grado en Periodismo, y mañana empieza lo que será posiblemente mi último semestre en una carrera que me ha costado 17 años conseguir.
Hoy también empezaré a escribir, como estudiante en prácticas, en este mismo periódico cubriendo al menos una noticia diaria, si es que el gabinete de prensa del ayuntamiento de Málaga me deja. Porque, como dijo alguien, la historia es el periodismo del pasado y el periodismo es la historia del presente.
A contar historias. A hacer periodismo y literatura.






