En 2015 descubrimos un ministerio secreto adscrito a la Presidencia del Gobierno que ha soportado varias elecciones generales, una crisis territorial y un Estado de Alarma en cuya desescalada nos ha acompañado en su cuarta temporada.
Dejando momentos míticos que nos ha dejado la cuarta tanda de episodios como un atónico Lorca viendo a Camarón en 1979 tocar un poema suyo, un Velázquez bailando al son de una conocida canción dedicada a sus meninas en pleno Museo del Prado o una exiliada Clara Campoamor en París siendo convencida por la jefa de logística del ministerio para que no regrese a España, mucho se ha debatido sobre su ideología.
Algunos la catalogan como “de izquierdas”, por reivindicar la memoria histórica de Lorca o criticar a Franco. Otros la catalogan como “de derechas” al ser precisamente su principal misión el mantener la Historia tal y como está (“el tiempo es el que es”, según Salvador Martí, su subsecretario).
Sin embargo, creo que solo tiene una ideología: es una serie demócrata. En sus misiones más importantes hay un principal trasfondo de salvar la democracia frente a un absolutista Felipe II o a un descorazonador futuro de 2070 donde la pobreza y la falta de acceso a recursos esenciales como la educación o la sanidad desvirtúan y vacían de contenido la democracia.
Alonso de Entrerríos es un soldado de los tercios de Flandes, representa a un conservadurismo puro, desconoce lo que es una democracia o una constitución, pero finalmente se inclina por recuperar la libertad frente a la obediencia ciega a Felipe II en el final de la segunda temporada en una época oscura en la que echa de menos la igualdad de las mujeres, o en el final de la cuarta donde incluso defiende abiertamente los efectos del cambio climático. En otras palabras, se acepta su conservadurismo extremo pero va cambiando hacia uno más relajado, más demócrata que integra el pluralismo.
Amelia Folch es una de las primeras mujeres universitarias en la Barcelona del siglo XIX. Se la podría catalogar como progresista o incluso como socialdemócrata. Afinando más, una librepensadora intelectual, buscadora de la verdad a través del conocimiento. Si viviese en el siglo XXI tendría millones de libros en el disco duro de su ordenador y una biblioteca inmensa. Representa a esa España que no se guía por la lucha partidista, por lo que cuenta el poder como tal, sino por su propia intuición y sus conocimientos.
Julián Martínez sin duda que también es demócrata. Quizá es esa España que acepta estoicamente su destino, dejándolo a merced de las circunstancias que vive, pero queriendo cambiarlo, saltándose las reglas si hace falta, por un mundo mejor para él y los suyos.
Jesús Méndez, Pacino para todos, es un policía ochentero que defiende a la democracia por encima de intentonas golpistas como su contemporáneo 23F -recordad la conversación que tuvo con los compañeros de su padre en la mitad de la segunda temporada-, critica la dictadura franquista y hace por cambiar las cosas desde dentro, aun saltándose las reglas, como hicieron demócratas reformadores como Adolfo Suárez o sindicalistas de las entonces llamadas en minúscula “comisiones obreras” participando en las elecciones sindicales franquistas.
Lola Mendieta, en cualquiera de sus versiones de adulta, joven o mayor, es una revolucionaria antifascista en toda regla, como tantos españoles que lucharon contra Franco o Hitler, dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero no solo es “antifascista”, el detalle de criticar a la Unión Soviética por los bombardeos en la provincia de Murcia durante la guerra civil en el primer capítulo de la cuarta temporada le muestra como “antitotalitaria”, es decir, demócrata.
Con respecto a la cúpula, Irene Larra es una feminista igualitaria, no hay ninguna pista que la haga considerar como “feminista radical” -no hablo de radicalismo en un sentido despectivo sino puramente ideológico-, defiende abiertamente la igualdad de las mujeres y su libertad sexual, y además muestra con total naturalidad la integración del mundo LGTBI en nuestra sociedad actual, donde cualquier persona puede amar a quien quiera.
Ernesto, como inquisidor que es -nunca mejor dicho- es el guardián de las reglas, un conservador comprensivo como lo es Alonso, defensor del sistema democrático y de la libertad.
Por último, el subsecretario Salvador Martí podría considerarse liberal-demócrata: acata y defiende las reglas salvo en momentos en los que la propia democracia y el pluralismo están en peligro, comprende las situaciones personales de cada uno de sus empleados, con sus distintas formas de ver la vida, abierto y dialogante.
En definitiva, “El Ministerio del Tiempo” es una serie demócrata, como demócrata es la sociedad española que debe representar nuestra radiotelevisión pública. Si TVE renueva por una quinta temporada, que ojalá que sí por los valores y la formación que el producto de los hermanos Olivares aporta, con toda probabilidad seguirá siendo demócrata.







Muy buenas tardes
Como fan del MINISTERIO DEL TIEMPO y autor del estupendo articulo: Es un honor enviarte la siguiente propuesta a Invitarte a grabarte un selfie VIDEO Si quisieras en plan rapido) hablando a camara
sobre tus sensaciones tras el final de la temporada, sobre las proximas novedades o si creyeras que ya es el final, o / y por qué te gusta la serie o los personajes clásicos nuevos, etc
La fecha tope sería el proximo 14 de julio y nos gustaria tener el honor de contar contigo, seria entre 30 segundos, – un minuto y en formato horizontal
Cualquier consulta estaré para ayudarte, gracias!!