Cien voluntarios colaboran en el evento de forma totalmente altruista
26 de abril. Granada, camino de Ronda, 15 grados. Se puede ir con manga larga y sin chaqueta. En este tiempo primaveral, cobijado bajo la tierra de La Alhambra, me dispongo a cogerme el metro para ir a la estación del Parque Tecnológico, en Armilla, donde se encuentra FERMASA. En esta antigua fábrica de azúcar se celebra anualmente la FicZone, el mayor evento friki de Andalucía y uno de los más conocidos de España.
A las 9:55, una cola kilomérica de cientos de personas disfrazadas de sus personajes favoritos, familias enteras con niños incluidos, aguardan impacientes el momento de enseñar su entrada con QR y entrar en un evento donde pueden ser ellas mismas, adoptado el rol y el género que quieran.

En torno a las 10, apareció FicBot, la mascota del evento gestionado por la Asociación CrossOver. Ilusión, felicidad y diversión sustituyeron a la desilusión, la precariedad y la ansiedad que muchos jóvenes de entre 20 y 30 años por desgracia tienen. El robot se pasó a saludar a varias personas, entre ellas a mí. Me reconoció. El año pasado estuve en este mismo evento, al otro lado, como voluntario.
La edición anterior: el viaje de un fan a un mundo desconocido
Efectivamente, la pasada edición colaboré con los voluntarios del staff, personitas con camisetas moradas que se pasean por todos los pabellones para asegurar que todo está bien.
Lo hice porque no pude comprar las entradas a tiempo y quise ver a una personita que ha sido muy especial para mí desde hace un año: antes, Nía Cosplay, ahora, Nía Purpur, siempre, buena persona. Nunca voy a olvidar aquel 27 de abril de 2024, cuando una Nico Robin se acercó para hablarme y conocerme en persona. Semper fidelis, amiga.
Así fue cómo un fan se adentró en un mundo desconocido, llego de magia y aventuras: los eventos frikis. Y unas de las protagonistas de este viaje son las personas voluntarias, jóvenes y no tan jóvenes que ayudan a que el evento se desarrolle bien. Desde los accesos hasta la zona cosplay, pasando por acreditaciones, firmas, información o la zona gaming, estas personitas sacrifican su tiempo libre y su diversión solo para que tú te lo pases bien y no te ocurra nada malo.
El primer día lo pasé peor que en el segundo, a nivel psicológico, pero me trataron muy bien, fueron muy comprensivas, y jamás olvidaré un abrazo que una chavala con gafas me dio tras estar controlando una cola para unas firmas. No sé quién eres, ni cómo te llamas, ni tu edad ni nada. Tan solo sé que ese abrazo, que me pilló desprevenido, me reconfortó. Y no lo olvidaré nunca.
En fin, me adentré en un mundo desconocido para mí, porque nunca había estado en un evento. Bueno, creo que hace 10 años en uno de Madrid, pero ni me acuerdo. El caso es que ver la ilusión de las miles de personitas, la libertad de vestirse como una quiera sin que nadie le señale con el dedo, viciarte con los videojuegos sin que te miren mal por ello, vender tus libros o tu arte para intentar abrirte paso en este mundillo… eran cosas que descubrí.
Este tipo de eventos sirven para mucho más que para un día de diversión.
Zona Cosplay: un dios nórdico y mucha protección
Volvemos a 2025. Luna, Sayu, Yome, Raku… son nombres que parecen de diosas vikingas, aunque no son más que los pseudónimos que usan algunas cosplayers para sentirse libre y caracterizarse de sus personajes favorito. Pero, me vais a permitir que lo diga, el único dios que hay es Odin. Irrefutable. Cualquier teólogo lo confirmaría.
Odin es también uno de los organizadores del evento en su zona de cosplay. Ayuda entre bastidores a organizar pasarelas, conciertos, bailes, concursos. Desde primera hora de la mañana, hasta el cierre del evento. Sin descanso.
Ayer, Ranma (Luna), me dijo dónde estaba tal famosa deidad. Luna me reconoció a mí, tardé en darme cuenta de que era ella. Lo siento, hija. Entre tanto disfraz y con mi miopía me resulta difícil distinguir a la gente.
En esa misma zona, donde Sayu o Raku tienen sus propios stands con sus prints, que son fotografías artísticas que se venden para, como se dice en Salamanca, “sacarse unas perras”, se reparten pulseras de colores.

No. Esas pulseras no son para entrar en discotecas o para ir al Tívoli. Son algo más serio. Son pulseras de 3 códigos de colores. La verde es que la persona cosplayer es accesible. Se la puede tocar (ojo, sin pasarse). La amarilla es “regulín regular”, pregunta antes. La roja es TOTALMENTE PROHIBIDO tocarla o incluso hablarla, porque se puede sentir psicológicamente mal. Imaginad por un momento la presión, la ansiedad y el estrés de estar disfrazada y sentirte mal al mismo tiempo. Si ya cuando hacemos un examen estamos nerviosos o con estrés, con un kilo de peluca encima tuya no te quiero ni contar.

A este movimiento de autoprotección se le llama “Cosplay Is Not Consent”. Está presente a nivel internacional. Y sirve para concienciar que “no” significa NO. También en este mundo. Puede parecer absurdo porque es algo básico, pero ha habido casos, muchos, de tocamientos no consentidos en varios eventos. Incluso a menores.

Por fin, fui a la guarida secreta, a la batcueva de Odin. Le saludé y volví a la zona. Hay una muestra de varios cosplays junto con los nombres de sus diseñadores, desde el mítico Goku hasta El Penitente de Blasphemous. Todos ellos también protegen a las cosplayers. Por cierto, cada letrero con sus nombres viene con el pronombre que quieren que usemos para referirnos a las cosplayers.
Hurona Rolera y juegos de mesa
A una de las personitas que quise conocer, Hurona Rolera, conocida streamer y activista, la encontré en la zona Meet and Greet. Le compré un llavero. Quizás nunca lo use, pero ayudo a la gente que se lo merece. Y ella se lo merece doblemente. Cuando la terrible DANA asoló Valencia, ella se encargó de ayudar a las víctimas y a los animalitos afectados.
Es tan de agradecer que hasta, por primera vez en mi vida, me suscribí a un canal de OnlyFans, el suyo. Y ese tipo de contenido, bleh. Ni fu ni fa. No lo critico, porque considero que tan creadoras de contenido son quienes están en la plataforma azul que en la roja o en la morada. Es un contenido ni mejor ni peor. Diferente.
“Rolera” viene de juegos de rol. Así que me dirigí al pabellón de Meeple Factory, dedicado a los juegos de mesa. Paseando, encontré uno muy particular.
Se llama “La llegada a Europa”, y es un proyecto de juego de mesa donde te pones en la piel de cuatro personajes inmigrantes que llegan a España con todo tipo de explotación: sexual, laboral, de delincuencia… De hecho, muchos jóvenes marroquíes que vemos en las calles y que roban (que, por supuestísimo, no son todos), son chavales o incluso niños y adolescentes, que lo hacen obligados. Los que controlan esa mafia, casi nunca caen en las redadas policiales.

Esto me lo explicó Fátima, la voluntaria de la ONG “Mujeres en Zona de Conflicto”, que es quien se encarga de desarrollar este proyecto de conciencia social. Me comentó también que muchas colombianas son explotadas sexualmente. Vienen engañadas a España. Ojalá pudiesen elegir si abrirse o no una cuenta en la plataforma azul. Ellas, las víctimas de trata, no tienen elección.

Y es que los videojuegos y los juegos son más que puro entretenimiento. También conciencian socialmente y transmiten valores.
A las 14:30, me volví a mi hotel. El domingo será otro día, estaré prácticamente toda la jornada. Y lo contaré por aquí. Incluso intentaré hacer IRL. Hace 27 grados, y ya se puede ir en manga corta.






