En días como el de ayer, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la ciencia política ha de cumplir con su labor de promoción democrática, generación de información para el debate público e impulso de la formación de la opinión pública mediante el análisis objetivo y documentado de un movimiento social de estas características, al igual que hacemos con el resto de movimientos e ideologías. Y es necesario hacerlo de la forma más imparcial posible, sin caer en sesgos ideológicos de ningún lado.
Del mismo modo que la labor de un jurista, un experto en administración de empresas o un ambientólogo puede realizar análisis generales sobre un área de su sector, y no se le debería exigir especialidad alguna por el hecho de hacerlo, un politólogo y un sociólogo hace exactamente lo mismo, con la salvedad de que investiga realidades en las que ellos mismos están inmersos.
Así, podrían y deberían analizarse imparcialmente las causas por las cuales este año no ha tenido tango seguimiento e impacto como en años precedentes, precisamente para mejorar el siguiente año.
Este medio, que no tiene ningún género sexual porque es una persona jurídica, se posiciona marcadamente en contra de aquellas opiniones excluyentes hacia científicos sociales por sus cualidades sexuales o físicas. Las falacias ad hominem no ayudan, ni en política ni en la vida.






