Los fuengiroleños cumplen totalmente con las normas del paseo de los niños, tras una comprobación «in situ» de las principales plazas del centro y del paseo marítimo esta mañana. Fuengirola tiene tan solo 58 casos detectados de coronavirus desde que empezó la crisis, que supone un 0,02% de una población total de más de 80 mil habitantes censados.
Pudimos comprobar, en una ciudad casi vacía, su estricto cumplimiento, al encontrarnos con un par de viandantes con niños frente a una Plaza de España presidida por un Ayuntamiento de Fuengirola que llora a las víctimas del COVID-19 con las banderas a media asta.

Un colegio Sohail con su parque desierto, como es evidente, cuyas clases no comenzarían oficialmente hasta septiembre pero que sí podría abrir sus puertas en la citada Fase 2 para los niños cuyos padres trabajen. Asimismo, cualquier instituto de Fuengirola podría abrir para que los estudiantes de 4º de ESO o de 2º de Bachillerato repasasen, con aulas reducidas y las correspondientes medidas de seguridad.

Bajando hacia el Paseo Marítimo, entre banderas rojas y parques infantiles cerrados, un par de niños pequeños estaban tomando el sol con su madre. Parecían extranjeros. Avanzando un poco más, a la altura de la calle España, nos encontramos a lo que parecían ser dos madres distintas, una a unos dos metros de otra, charlando mientras 3 niños se divertían con la arena, al lado de una «Q» de Calidad Turística que pierde su luminosidad por la sombra de la crisis sanitaria y una bandera roja que desea cambiar a un color verde durante la Fase 3 de la desescalada, con aforo limitado.

Por último, en la Plaza de la Constitución, la Iglesia espera paciente el regreso de sus feligreses en la Fase 2 de la desescalada, anunciada anoche por el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Tan solo un par de viandantes que se dirigían con carros a hacer la compra correspondiente al supermercado, a la panadería o a la farmacia. Además, el monumento a nuestra previsora Carta Magna, cuyo artículo 116 recoge este mismo Estado de Alarma que estamos viviendo, regulado desde 1981, es presidida por unas banderas con crespón negro.

En fin, una Fuengirola 46 días confinada que aguarda de nuevo la muchedumbre, las prisas, los «guiris», las cafeterías llenas y los autobuses apretados. Pero también el turismo, la economía, la ebullición social, los cursos de la Casa de la Cultura, las actividades del emblemático castillo o los distintos conciertos.
Jamás pensamos que íbamos a echar de menos todo esto, ¿verdad?





