Las agrupaciones ofrecen mayor nivel en sus repertorios con bromas ingeniosas y pasodobles críticos
La comparsa El Batallón de la calle alzó su grito al cielo del Cervantes para reivindicar la importancia de ayudar, y de verdad, a los más jóvenes de este mundo. Mediante un pasodoble emotivo, dieron la oportunidad al resto de la cantera pertenecientes a otras agrupaciones de aparecer sobre las tablas del escenario. Tras esto, el jurado sorprendió con unos carteles en los que ponía «10». Y, desde luego, ese acto no merece menor nota.

Los Hospitalarios llegaron para denunciar sin tapujos que el centro de Málaga, convertido en una «puta de lujo», no es lo que su gente quiere. Revelan, con grilletes en sus manos rotos por la impotencia, que Málaga no es una franquicia, sino una ciudad que debe luchar por no perder su embrujo. Mostraron su amor incondicional por la tierra malacitana, pero por la auténtica, por la de verdad. Una actuación sublime con voces que evocaban emoción en todo momento.

Desde Córdoba, La Banda Fongirola consiguió sacar risas y aplausos al público con sus bromas inesperadas. Unos atracadores con pistolas peculiares (sus propias manos pintadas de negro) intentaron llevar a cabo un atraco que jamás saldría bien con la «guasa» de los ladrones. A pesar de ser cordobeses, supieron ganarse a los malagueños con muchos chistes dirigidos a ellos. Mucha mejoría la de este cuarteto en su pase de semifinales.

La murga de Merchán puso en pie el teatro Cervantes. Su pasodoble al «carnavalero malagueño» que compara la fiesta con la de Cádiz consiguió aplausos incesantes de los presentes. Sorprendieron con sus nuevos toques de humor y buenísima interpretación. Sin lugar a duda, estos nuevos ricos pisaron fuerte el escenario y consiguieron sacar las carcajadas a Málaga.

La gente corría apresurada a sus butacas tras el pequeño descanso de 20 minutos. El bullicio asomaba a las puertas del Cervantes para volver a escuchar agrupaciones, mientras que las que faltaban por actuar preparaban los últimos detalles.
Llegó el turno de Matria, sentimientos a flor de piel fueron provocados por unas voces llenas de arte que luchaban desde la rabia. Cantaban para llevar a su Andalucía a lo más alto, que para eso es la tierra que los vio nacer. Con pasodobles críticos, reivindicaron temas como la importancia de defender el flamenco, que nació en el sur, no en Madrid. Además, aprovecharon que era el día de la Lengua Maternal para hacer referencia a la «Andalufobia». Es necesario comparsas como estas, que ayuden a los andaluces a saber levantarse de verdad y presumir de lo suyo, que no es poco.

Como colofón de la noche, la murga del Chino reventó el teatro. Mientras lanzaban al público sus propios billetes, los dueños de la luz, procedentes de sus empresas «Iberroba» o «Encieza», consiguieron tener golpes de humor propios de ellos. Dos pasodobles, uno para repasar las medidas anticovid, con el que finalmente se quedan «sin tiempo» para decir algo más; y un segundo que parecía estar cantado con mucha emoción a algún familiar y terminó siendo una oda a su queridísimo Kilovatio. Sin lugar a dudas, estos Luzifer, causadores de tantos estragos al llegar la factura a casa, consiguieron meterse a Málaga en el bolsillo. Nunca mejor dicho.






